A las Tres de la Tarde

A LAS TRES DE LA TARDE
por Manuel Buen-Abad (2014)

Todos los días, a las tres de la tarde
subo a la cumbre, andando adelante
y gritando, escupiendo, jurando y bramando
blando mi látigo a los que están a mi mando.

Todos los dí­as, a las tres de la tarde
empujo a los lados la muchedumbre irritante,
que dejen pasar a quien viene jadeante
callado, sereno, cubierto de sangre.

Todos los dí­as, a las tres de la tarde
me burlo de Él, le azoto y le arranco
trocitos de carne y de piel; y con harto
placer con su horrible tortura me embriago.

Todos los días, a las tres de la tarde
lo clavo en la cruz; lo dejo colgando
y viendo a su Madre, doliente a su lado
hay algo en mi que se viene quebrando.

Pues todos los días, a las tres de la tarde
Aquél a quien mato cual sucio gusano
me mira tan triste, sin odio ni llanto
y veo que sus ojos no tienen reclamo.

Un grito, un suspiro a ese cielo que arde
por todos nosotros que pedimos su sangre,
y entrega su alma sin mancha a su Padre
todos los días a las tres de la tarde.

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