Adiós, Benedicto XVI

El día de ayer (28 de febrero del 2013) fue un día histórico. Por primera vez en casi seis siglos un papa renuncia a su pontificado. En efecto, el último pontífice en renunciar fue Gregorio XII en 1415 como una de las medidas del Concilio de Constanza para ponerle fin al Gran Cisma de Occidente, un peligroso y tristísimo periodo de crisis en la Iglesia Católica (esos payasos que dicen que el Papa renunció porque la Iglesia vive una fuerte crisis no tienen idea de que la Iglesia ha estado en momentos mucho más difíciles).

Adiós, Benedicto XVI. Imágen de su último Angelus el domingo 24 de febrero.

Adiós, Benedicto XVI. Imágen de su último Angelus el domingo 24 de febrero.

El 11 de febrero, S. S. Benedicto XVI anunció al mundo que renunciaba libre y voluntariamente, y que dicha renuncia tendría efecto a las 20:00 horas (en el Vaticano) del día 28 de febrero. Ahora, Benedicto XVI ya no es, y Joseph Ratzinger, humilde y callado, se retira como “un simple peregrino“, como Papa Emérito. Ratzinger vive ya en Castel Gandolfo, la residencia de verano de los papas, y por lo pronto ahí se quedará. Luego se irá a un monasterio en el Vaticano mismo a vivir una vida dedicada a “la reflexión, el estudio y la oración“.

En esta entrada de mi blog quisiera hablar brevemente sobre cómo fue la renuncia del Papa y cuál es el legado de Benedicto XVI.

El Código de Derecho Canónico (las leyes que regulan la organización y gobierno de la Iglesia Católica y dirigen la actividad de los católicos en la misión de ésta), en su Canon 332, establece que:

Si sucediera que el Romano Pontífice renunciara a su cargo, se requiere para su validez que la renuncia sea hecha libremente y manifestada adecuadamente pero no que sea aceptada por nadie.

Así, el Papa no tiene a nadie a quién presentar su renuncia para su aprobación (no como lo hace un empleado), y su renuncia no puede ser forzada. Benedicto XVI aludió a la flaqueza de sus fuerzas (físicas y espirituales) y a su conciencia de ella para renunciar y declaró explícita y claramente que dicha decisión la tomaba con libertad y con pleno conocimiento de su gravedad. Esos conspiranoicos que ven en su renuncia señales de la corrupción dentro de la Iglesia o de su ineptitud para “ir con la marea de la modernidad” solamente prestan oídos a las modas y al picante “sabor” de hablar sin conocer.

Bendiciendo. Benedicto XVI fue un papa de fe y razón.

Bendiciendo. Benedicto XVI fue un papa de fe y razón.

En efecto, ya desde años antes el cardenal Ratzinger había querido renunciar a su cargo como prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe para retirarse a la vida privada, pero Juan Pablo II no se lo había permitido (es bien sabido que Ratzinger fue por mucho tiempo la mano derecha del beato Juan Pablo II). Una vez Papa, Ratzinger respondió honestamente en el libro-entrevista “Luz del Mundo: el Papa, la Iglesia y los Signos de los Tiempos” (publicado el 2010) muchas preguntas que el autor Peter Seewald (periodista alemán) le dirigió. Escribo algunas de estas preguntas y sus respuestas, en particular, las relacionadas con los escándalos de abusos sexuales por miembros del clero y sobre la renuncia papal (extraídas de aquí):

P. S. – “La mayoría de estos incidentes [los abusos sexuales] sucedió hace décadas. No obstante, representan una carga especialmente para su pontificado. ¿Ha pensado usted en renunciar?”.

B. XVI – “Si el peligro es grande no se debe huir de él. Por eso, ciertamente no es el momento de renunciar. Justamente en un momento como este hay que permanecer firme y arrostrar la situación difícil. Esa es mi concepción. Se puede renunciar en un momento sereno, o cuando ya no se puede más. Pero no se debe huir en el peligro y decir: que lo haga otro”.

P. S. – “Por tanto, ¿puede pensarse en una situación en la que usted considere apropiada una renuncia del papa?”.

B. XVI – “Sí. Si el papa llega a reconocer con claridad que física, psíquica y mentalmente no puede ya con el encargo de su oficio, tiene el derecho y, en ciertas circunstancias, también el deber de renunciar”.

Más aún: Benedicto XVI, durante su pontificado, visitó dos veces (2009 y 2010) la tumba de San Celestino V para orar, y de hecho en la primera ocasión dejó sobre el ataúd el palio de lana que utilizó durante su inauguración como papa en el 2005. ¿Y eso qué? Bueno, San Celestino V fue un papa que, luego de cinco meses de pontificado, renunció a su cargo de manera libre (habiendo declarado anteriormente que el Papa tiene derecho a renunciar) y se retiró a una vida monástica. Celestino fue el primero en regularizar y formalizar el acto de la renuncia papal. Es natural concluir que la idea de la renuncia y el retiro ya estaba en su cabeza desde hacía años.

El palio del papa sobre el ataúd de San Celestino V, que dejó allí durante su visita que le hizo luego del temblor del 2009

El palio del papa sobre el ataúd de San Celestino V, que dejó allí durante su visita que le hizo luego del temblor del 2009

¿Quién es Ratzinger? ¿Qué hizo? Sin ser ésta una biografía de este gran señor, me gustaría señalar algunas cosas importantes. Alemán, Ratzinger se crió en una familia católica devota. Obligado a participar en la Segunda Guerra Mundial como Luftwaffenhelfer (niño soldado de la fuerza aérea) cuando aún estaba en el seminario, deserta después y luego es capturado por los Aliados y para algún tiempo en un campo para prisioneros de guerra. Participó como peritus (teólogo consulto) en el Concilio Vaticano II y siempre estuvo a favor de la reforma de la Iglesia. Defendió todos los trabajos de dicho concilio, en particular aquellos donde se defendía la libertad religiosa y el ecumenismo. Fue Arzobispo de Munich y Freising y después prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, hasta convertirse después en el Vicario de Cristo el 2005, la persona número 265 en ocupar el cargo. El pontificado de Benedicto XVI se caracterizó por la inteligencia y claridad de sus palabras. Un papa intelectual y antes que todo un teólogo, Benedicto XVI demostró ser también un conciliador. Mantuvo siempre un diálogo abierto, respetuoso e incluso amoroso con las otras religiones (sobre todo con nuestros hermanos protestantes, mis adorados ortodoxos, los judíos y los musulmanes) e incluso con los cismáticos dentro de la propia Iglesia (como con la Sociedad de San Pío X). Defendió la vida y a la dignidad de la familia, oponiéndose al crimen del aborto. Combatió la dictadura del Relativismo y subrayó la importancia que debe tener el diálogo entre la Fe y la Razón para un cristiano. Proclamó la doctrina de la amistad con Jesucristo, diciendo que es la única manera de vivir plenamente. Tradicionalista en la teología, defendió con ahínco las reformas del Vaticano II pero declaró que la liturgia tridentina para la misa en las parroquias donde los fieles lo pidieran era perfectamente válida. Habló con tristeza sobre los casos de abuso sexual dentro de la Iglesia y tomó fuertes medidas para luchar contra el problema. Yo no he vivido mucho (tengo apenas 22 años), pero creo que éste papa ha sido uno de los mejores en la historia de mi Iglesia. Las luces que se observan en sus escritos y su actitud pacífica, humilde y amigable fueron siempre el sello de su gobierno.

No hace falta ser un genio para darnos cuenta de algo: Ratzinger ya está viejo. El señor (al que yo considero una de las mentes más brillantes del pasado siglo y lo que va de éste) cumple 86 años este 16 de abril; Juan Pablo II murió cerca de cumplir también los 86. Camina con dificultad y su voz está cada día más débil. No le queda, y él lo sabe, mucho tiempo de vida. Cuando se despedía de sus hijos, de los fieles allá en su residencia de Castel Gandolfo, el papa se declaró un simple peregrino, que comienza la última etapa de su peregrinar en la Tierra. Sabe que pronto morirá, sabe que ya el tiempo se le escurre entre los dedos, que las fuerzas lo traicionan, y se retira para dejar el cargo a alguien con mayor energía mental y física, a alguien que sea el pastor que la Iglesia necesita.

Se nos va mi papa, se nos va mi querido Benedicto. Nos deja las conmovedoras imágenes de su último día como el Sucesor de San Pedro. Una multitud en la Palaza de San Pedro, cuando habló Urbi et Orbi por última vez; otra en Castel Gandolfo. Su bello discurso de despedida. Su chófer que no puede contener las lágrimas. Su último adiós. La Guardia Suiza entregando su protección a los Gendarmes. Las puertas de su residencia que se cierran. Se va el papa, el papa bueno y brillante, el papa firme y cansado, el papa de la razón y del amor, el papa de la fe y de la vida. El papa humilde.

Adiós, Benedicto; adiós, Ratzinger. Dios te bendiga para siempre. Cuando llegue tu hora, morirás como mueren los santos: humilde, cargado del cansancio que el trabajo por las ovejas de Jesucristo produce. Adiós, Joseph. Tus hijos, tus hermanos, toda tu Iglesia te agradece con lágrimas y sonrisas todo lo que hiciste por conducirla por los Caminos del Señor. Gracias.

Adiós

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