Tren de Pensamiento I

En estos momentos estoy increíblemente ansioso, esperando las decisiones que varias universidades gringas deben hacer con respecto a mi solicitud de admisión a su programa de doctorado en Física. Algunas ya han tomado su decisión (estoy admitido en algunas y rechazado en otras), pero falta que ocho universidades me den su resolución. Entre ellas están las de SUNY Stony Brook y The University of Texas at Austin; son las que más espero de esas ocho, y de veras deseo quedar en una de ellas. La de Austin es una universidad excelente, de muy alta calidad (al menos en física) y con un campus hermoso. Me tocó ir entre agosto y octubre del año pasado, todo pagado por la Universidad de Colima, y me la pasé explorando sus museos, edificios, bibliotecas y demás. Tomé algunas clases, platiqué con algunas personas y conocí varios profesores y sus áreas de investigación. Recuerdo también los deliciosos cafés mocka con “mexican chocolate” de la tiendita del cuarto piso del edificio RLM (donde se encuentran los departamentos de Física, Matemáticas y Astronomía), mientras me ponía a leer de Quantum Field Theory, en medio del alegre ruidajo que los estudiantes hacían todas las mañanas. También, mientras estuve allí, me puse a leer una monografía sobre la Guerra franco-prusiana, uno de esos libros de historia sin mucho sabor para narrar pero repleto de datos curiosos, vivencias, nombres y fechas. Por supuesto, la descripción de las batallas no era precisamente del tipo “épico” (eso se lo dejamos a Tolstói), pero tenía lo suficiente como para mantenerte enganchado, y el texto te entretenía con los mapas que muestran los movimientos de los cuerpos, las divisiones y los batallones en los escenarios de Mars-la-Tour, Gravelotte, Sedán y Metz, entre otros. Es difícil ignorar el sentimiento de que Francia podría haber vencido a Prusia y demás alemanes, y más todavía cuando su derrota se debió a líderes como Napoleón III o Bazaine, que cometieron estupidez tras estupidez y no pudieron cooperar debido a sus mezquinas rencillas personales. Ese Bazaine llegó a estar a cargo de las fuerzas expedicionarias francesas en México en tiempos del Imperio de Su Majestad Maximiliano I y de hecho se casó con una mexicana (creo que se llamaba Pepita o algo así). Años después, cuando su propia patria lo juzgó y lo acusó de traidor (por su comportamiento durante el conflicto franco-prusiano), Bazaine fue encerrado en una cárcel en alguna isla y su esposa Pepita, como si de alguna aventura novelesca se tratara, lo sacó de ahí furtivamente. Imposible negar que la realidad puede ser tan emocionante y aventurera como al ficción. La misma Francia nos ha dado maravillosos relatos de este tipo. Por ejemplo, Dumas (Dumb-ass, según Fefo) con sus “Tres Mosqueteros” es simplemente fenomenal (nota personal: debo leerme “Veinte años después” lo más pronto posible), ¿cómo olvidar la escena de la apuesta de los amigos, cuando están desayunando en un edificio en ruinas en medio del campo de batalla? ¿O cuando Milady hace que un fanático cometa un magnicidio que cambiaría el curso de la historia? Incluso mejor que Dumas:  el grandioso Victor Hugo. En “Los Miserábles“, la descripción que hace de la batalla en las barricadas (cuando aquél anciano sube a poner la bandera revolucionaria y cae acribillado) o de Waterloo son simplemente algunas de las más bellas muestras de las letras francesas y mundiales. El Cambronne de Victor Hugo me hizo Bonapartista. Pero no todo es oro cuando de escritores franceses se trata. Está también el lado “oscuro” de su literatura. Me viene a la mente, por ejemplo, el Marqués de Sade. ¿Alguna vez han intentado ponerse a leer alguno de sus libros? Yo empecé “Juliette o las prosperidades del vicio“. Hice acopio de todas mis fuerzas pero simplemente no pude pasar de las primeras páginas. Demasiado explícito y puerco para mi gusto. O, por la misma vena, está “La historia de O” (no recuerdo el nombre de la autora), una novela de la cuál sólo conozco el contenido, el tono y parte de la trama. ¡Y las morritas pubertas se emocionan con “Cincuenta sombras de Grey“! ¡Ja! Cosa curiosa, el Marques de Sade (de donde se deriva la palabra “sadismo” debido a sus singulares escritos) incluye, en las primeras páginas de Juliette, el nombre de Justine que, según tengo entendido (no estoy seguro), es el mismo personaje que aparece en su novela “Justine, o los infortunios de la virtud“. Creo que precisamente la Justine Florbelle del videojuego “Amnesia: Justine” (una especia de secuela del tenebroso “Amnesia: The Dark Descent“, que debo comprar) está inspirada en la Justine del Marqués. De lo que sí estoy seguro es que mi personaje de Justine está inspirado en el del videojuego (y no en el del Marqués). Y digo mi personaje porque en realidad uno de mis hobbies principales es el de escribir cuentos. Justine es una de los dos individuos de un cuento en el cuál estoy trabajando, un cuento de locura y de muerte como los que me gustan, con tintes góticos y oscuros; espero ponerlo en este blog en algún momento. Otro de los cuentos que estoy escribiendo corre por el mismo camino y se titula “La Tempestad“. Se trata de un historiador del arte que está obsesionado con un cierto cuadro renacentista y que cree que ha descubierto su verdadero significado (se trata de una pintura alegórica cuyo significado a eludido a muchos eruditos). Tengo algunos otros cuentos en los que estoy trabajando, e incluso una novela. Ésta se llama “La Rosa de Monsaube” (llevo un sólo capítulo… ¡necesito tiempo para escribir!) y está escrito como una novela epistolar, a la manera de Drácula o Frankenstein. Tengo bien clara toda la trama, los personajes y los eventos principales, sólo necesito inspiración y tiempo para poder completar el proyecto (si tengo talento o no me tiene sin cuidado, ¡no es como si pensara ganarme la vida escribiendo!). La novela se sitúa en Francia, poco después del conflicto con Prusia (de hecho varios de mis personajes participaron en la contienda). Creo que incluso Mac-Mahon hará un cameo en mi historia; el famoso general francés del Imperio de Napolón III. Éste Mac-Mahon fue un héroe; participó también en la Guerra de Crimea, incluyendo la mismísima batalla de Balaclava, cuando  sucedió la épica carga de la Brigada Ligera (Balaclava se luchó como parte de la estrategia para tomar el puerto de Sebastopol… ¡cuántas ganas tengo de leer “Sebastopol“, de Tolstói!). Mac-Mahon, creo, es de los pocos miembros del alto mando francés que se libra de ser tildado de incompetente cuando la Guerra franco-prusiana, al menos hasta donde la monografía que leí me hizo pensar. Es un libro bastante entretenido (si te gusta la historia y ésa época en particular, como a mí) y disfruté mucho leyéndolo allá en Austin. ¡Aaaaajj, espero que me acepte Austin!

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