Tren de Pensamiento I

En estos momentos estoy increíblemente ansioso, esperando las decisiones que varias universidades gringas deben hacer con respecto a mi solicitud de admisión a su programa de doctorado en Física. Algunas ya han tomado su decisión (estoy admitido en algunas y rechazado en otras), pero falta que ocho universidades me den su resolución. Entre ellas están las de SUNY Stony Brook y The University of Texas at Austin; son las que más espero de esas ocho, y de veras deseo quedar en una de ellas. La de Austin es una universidad excelente, de muy alta calidad (al menos en física) y con un campus hermoso. Me tocó ir entre agosto y octubre del año pasado, todo pagado por la Universidad de Colima, y me la pasé explorando sus museos, edificios, bibliotecas y demás. Tomé algunas clases, platiqué con algunas personas y conocí varios profesores y sus áreas de investigación. Recuerdo también los deliciosos cafés mocka con “mexican chocolate” de la tiendita del cuarto piso del edificio RLM (donde se encuentran los departamentos de Física, Matemáticas y Astronomía), mientras me ponía a leer de Quantum Field Theory, en medio del alegre ruidajo que los estudiantes hacían todas las mañanas. También, mientras estuve allí, me puse a leer una monografía sobre la Guerra franco-prusiana, uno de esos libros de historia sin mucho sabor para narrar pero repleto de datos curiosos, vivencias, nombres y fechas. Por supuesto, la descripción de las batallas no era precisamente del tipo “épico” (eso se lo dejamos a Tolstói), pero tenía lo suficiente como para mantenerte enganchado, y el texto te entretenía con los mapas que muestran los movimientos de los cuerpos, las divisiones y los batallones en los escenarios de Mars-la-Tour, Gravelotte, Sedán y Metz, entre otros. Es difícil ignorar el sentimiento de que Francia podría haber vencido a Prusia y demás alemanes, y más todavía cuando su derrota se debió a líderes como Napoleón III o Bazaine, que cometieron estupidez tras estupidez y no pudieron cooperar debido a sus mezquinas rencillas personales. Ese Bazaine llegó a estar a cargo de las fuerzas expedicionarias francesas en México en tiempos del Imperio de Su Majestad Maximiliano I y de hecho se casó con una mexicana (creo que se llamaba Pepita o algo así). Años después, cuando su propia patria lo juzgó y lo acusó de traidor (por su comportamiento durante el conflicto franco-prusiano), Bazaine fue encerrado en una cárcel en alguna isla y su esposa Pepita, como si de alguna aventura novelesca se tratara, lo sacó de ahí furtivamente. Imposible negar que la realidad puede ser tan emocionante y aventurera como al ficción. La misma Francia nos ha dado maravillosos relatos de este tipo. Por ejemplo, Dumas (Dumb-ass, según Fefo) con sus “Tres Mosqueteros” es simplemente fenomenal (nota personal: debo leerme “Veinte años después” lo más pronto posible), ¿cómo olvidar la escena de la apuesta de los amigos, cuando están desayunando en un edificio en ruinas en medio del campo de batalla? ¿O cuando Milady hace que un fanático cometa un magnicidio que cambiaría el curso de la historia? Incluso mejor que Dumas:  el grandioso Victor Hugo. En “Los Miserábles“, la descripción que hace de la batalla en las barricadas (cuando aquél anciano sube a poner la bandera revolucionaria y cae acribillado) o de Waterloo son simplemente algunas de las más bellas muestras de las letras francesas y mundiales. El Cambronne de Victor Hugo me hizo Bonapartista. Pero no todo es oro cuando de escritores franceses se trata. Está también el lado “oscuro” de su literatura. Me viene a la mente, por ejemplo, el Marqués de Sade. ¿Alguna vez han intentado ponerse a leer alguno de sus libros? Yo empecé “Juliette o las prosperidades del vicio“. Hice acopio de todas mis fuerzas pero simplemente no pude pasar de las primeras páginas. Demasiado explícito y puerco para mi gusto. O, por la misma vena, está “La historia de O” (no recuerdo el nombre de la autora), una novela de la cuál sólo conozco el contenido, el tono y parte de la trama. ¡Y las morritas pubertas se emocionan con “Cincuenta sombras de Grey“! ¡Ja! Cosa curiosa, el Marques de Sade (de donde se deriva la palabra “sadismo” debido a sus singulares escritos) incluye, en las primeras páginas de Juliette, el nombre de Justine que, según tengo entendido (no estoy seguro), es el mismo personaje que aparece en su novela “Justine, o los infortunios de la virtud“. Creo que precisamente la Justine Florbelle del videojuego “Amnesia: Justine” (una especia de secuela del tenebroso “Amnesia: The Dark Descent“, que debo comprar) está inspirada en la Justine del Marqués. De lo que sí estoy seguro es que mi personaje de Justine está inspirado en el del videojuego (y no en el del Marqués). Y digo mi personaje porque en realidad uno de mis hobbies principales es el de escribir cuentos. Justine es una de los dos individuos de un cuento en el cuál estoy trabajando, un cuento de locura y de muerte como los que me gustan, con tintes góticos y oscuros; espero ponerlo en este blog en algún momento. Otro de los cuentos que estoy escribiendo corre por el mismo camino y se titula “La Tempestad“. Se trata de un historiador del arte que está obsesionado con un cierto cuadro renacentista y que cree que ha descubierto su verdadero significado (se trata de una pintura alegórica cuyo significado a eludido a muchos eruditos). Tengo algunos otros cuentos en los que estoy trabajando, e incluso una novela. Ésta se llama “La Rosa de Monsaube” (llevo un sólo capítulo… ¡necesito tiempo para escribir!) y está escrito como una novela epistolar, a la manera de Drácula o Frankenstein. Tengo bien clara toda la trama, los personajes y los eventos principales, sólo necesito inspiración y tiempo para poder completar el proyecto (si tengo talento o no me tiene sin cuidado, ¡no es como si pensara ganarme la vida escribiendo!). La novela se sitúa en Francia, poco después del conflicto con Prusia (de hecho varios de mis personajes participaron en la contienda). Creo que incluso Mac-Mahon hará un cameo en mi historia; el famoso general francés del Imperio de Napolón III. Éste Mac-Mahon fue un héroe; participó también en la Guerra de Crimea, incluyendo la mismísima batalla de Balaclava, cuando  sucedió la épica carga de la Brigada Ligera (Balaclava se luchó como parte de la estrategia para tomar el puerto de Sebastopol… ¡cuántas ganas tengo de leer “Sebastopol“, de Tolstói!). Mac-Mahon, creo, es de los pocos miembros del alto mando francés que se libra de ser tildado de incompetente cuando la Guerra franco-prusiana, al menos hasta donde la monografía que leí me hizo pensar. Es un libro bastante entretenido (si te gusta la historia y ésa época en particular, como a mí) y disfruté mucho leyéndolo allá en Austin. ¡Aaaaajj, espero que me acepte Austin!

Universidades – Austin – Guerra franco-prusiana – Bazaine – Aventuras – Victor Hugo y Dumas – Marqués de Sade – Justine – Mis cuentos y Novelas – Mac-Mahon – Guerra franco-prusiana – Austin – Universidades

Domesticar

Eres responsable para siempre de lo que has domesticado.

Hoy, me recordaron una preciosa escena de el primer libro que leí y, con ella, me dieron un excelente consejo.

Gracias…

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XXI

Entonces apareció el zorro:

—¡Buenos días! —dijo el zorro.

—¡Buenos días! —respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.

—Estoy aquí, bajo el manzano —dijo la voz.

—¿Quién eres tú? —preguntó el principito—. ¡Qué bonito eres!

—Soy un zorro —dijo el zorro.

—Ven a jugar conmigo —le propuso el principito—, ¡estoy tan triste!

—No puedo jugar contigo —dijo el zorro—, no estoy domesticado.

—¡Ah, perdón! —dijo el principito.

Pero después de una breve reflexión, añadió:

—¿Qué significa “domesticar”?

—Tú no eres de aquí —dijo el zorro— ¿qué buscas?

—Busco a los hombres —le respondió el principito—. ¿Qué significa “domesticar”?

—Los hombres —dijo el zorro— tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?

—No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? —volvió a preguntar el principito.

—Es una cosa ya olvidada —dijo el zorro—, significa “crear vínculos… ”

—¿Crear vínculos?

—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…

—Comienzo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado…

—Es posible —concedió el zorro—, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.

—¡Oh, no es en la Tierra! —exclamó el principito.

El zorro pareció intrigado:

—¿En otro planeta?

—Sí.

—¿Hay cazadores en ese planeta?

—No.

—¡Qué interesante! ¿Y gallinas?

—No.

—Nada es perfecto —suspiró el zorro.

Y después volviendo a su idea:

—Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.

El zorro se calló y miró un buen rato al principito:

—Por favor… domestícame —le dijo.

—Bien quisiera —le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.

—Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!

—¿Qué debo hacer? —preguntó el principito.

—Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…

El principito volvió al día siguiente.

—Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.

—¿Qué es un rito? —inquirió el principito.

—Es también algo demasiado olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:

—¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré.

—Tuya es la culpa —le dijo el principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique…

—Ciertamente —dijo el zorro.

—¡Y vas a llorar!, —dijo él principito.

—¡Seguro!

—No ganas nada.

—Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo.

Y luego añadió:

—Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.

El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:

—No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo. Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:

—Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

Y volvió con el zorro.

—Adiós —le dijo.

—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

—Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse.

—Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

—Es el tiempo que yo he perdido con ella… —repitió el principito para recordarlo.

—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa…

—Yo soy responsable de mi rosa… —repitió el principito a fin de recordarlo.

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“El Principito”, Antoine de Sáint-Exupéry

Los idiotas comecuras

Están en todas partes. Puede ser uno de tus tíos, o de tus profesores. Están entre tus amigos, tus parientes, tus conocidos. Puede que tú mismo lo seas. Y son idiotas, al menos en algunas cosas. Y rojos. Tan, pero tan rojos, que hasta caminan ros(z)ados. ¿Quiénes son? Los comecuras. Esa bola de “rebelditos” tienen una idea muy pobre (en el mejor de los casos) sobre los sacerdotes, particularmente de la Iglesia Católica.

Los comecuras suelen regodearse en sus afirmaciones que generalizan a todos los sacerdotes por igual, cargándoles las actitudes más viles y aberrantes que uno pudiera imaginar. Vamos, para ellos, los curas son la escoria humana, que sólo ha traído desgracia a la humanidad, y definitivamente el mundo sería un mejor lugar sin ellos.

"Si tan sólo conocieran el poder del lado oscuro". El Papa como El Emperador Palpatine... por desgracia, se parecen X)

“Si tan sólo conocieran el poder del lado oscuro”. El Papa como El Emperador Palpatine… por desgracia, se parecen…

Para los comecuras, todos los sacerdotes son pederastas. Todos son intolerantes; representan la oscuridad de la Edad Media, el atraso, la encarnación de la ignorancia y el odio a la ciencia. Los sacerdotes son unos huevones, que viven de la sociedad y merman sus ingresos, cual parásitos: nunca hacen nada. Oprimen a la clase baja y le llenan la cabeza de horrores, miedos y traumas, con el objeto de mantenerla sojuzgada. Fantasean con sus feligresas (o incluso sus feligreses) y no son ajenos a ninguna depravación sexual. Son obesos y con cara de cerdos, como los pintaban los muralistas mexicanos. Mienten. Roban. Y hasta matan (sobre todo mujeres, indirectamente, al oponerse al aborto…¿?). Y el peor de todos, el Gran Cerdo, el diabólico opresor de la sociedad, es el Papa. ¡Uf, terrible señor ese! ¡Que su ancianidad y debilidad no nos engañe: es un ser de lo peor!

No importa que les expliques que la mayoría de las obras de caridad (educación, salud, protección…) son realizadas por sacerdotes (cristianos, y la mayoría de ellos católicos), en lugares que ellos jamás habían oído mentar, en medio de guerras y violencias que no conocían, expuestos a enfermedades cuya cura se encuentra en hospitales inalcanzables para sus escasos medios. No importa que los sacerdotes que cometen crímenes, con todo lo execrable que eso es, sean una minoría ridícula incluso más pequeña que en otros sectores de la sociedad (por ejemplo, en los profesores de educación básica e incluso entre familiares la pederastia está mucho más extendida), y que gran parte de los curas sean personas honestas, que creen en lo que hacen y que buscan cambiar las injusticias sociales haciendo conciencia y actuando a su alrededor.

El padre-héroe: Hugh O'Flaherty

El padre-héroe: Hugh O’Flaherty

No importa que a lo largo de la historia muchos, muchísimos de ellos, se pusieron del lado del más débil, del oprimido, del perseguido, del paupérrimo, y hayan hecho todo lo que estuvo en sus manos para ayudarles. No saben quién fue Pío XII y cuántos judíos salvó del Holocausto, incluso regalando actas de bautismo falsas. Nunca han oído hablar de Martin Stanislaus Brennan, un sacerdote-astrónomo gringo, ni de San Daniel Comboni, un obispo miisonero italiano que dio todo por África y que, creyendo en las capacidades religiosas y humanas de los pueblos de ese continente (en un siglo en que los negros eran considerados apenas humanos, y muchas veces por los grandes intelectuales de la época), declaraba “Salvemos África por medio de África”. Los comecuras no conocen a John M. Corridan, un sacerdote-activista que combatió la corrupción y el crimen organizado en la ciudad de Nueva York, ni a San Damián de Molokái, un misionero holandés llamado “el apóstol de los leprosos”. No saben un cacahuate de Chandra Fernando, un activista de los derechos humanos de la minoría Tamil en Sri Lanka que murió asesinado (posiblemente por un grupo paramilitar), ni de Piero Folli, un cura antifascista en la Italia de Mussolini. ¿O cuántos de ellos han oído de Cristóbal Diatristán de Acuña, un incansable explorador jesuita (de seguro un huevón), o de George Joseph Kamel (Camellus), misionero checo en las Filipinas y botánico jesuita que hizo importantes estudios sobre plantas e incluso manuales sobre sus propiedades farmacológicas (Carolus Linnaeus bautizó al género Camellia en su honor)? La UNESCO sí: declaró al 300° aniversario de su muerte, en el 2006, como uno de los aniversarios importantes del mundo. Tal vez sí han oído de Columba Murphy, un defensor de la libertad religiosa en Hawaii que contribuyó a obtener el “Edicto de Tolerancia” para esa isla. O seguramente conocen al irlandés Monseñor Hugh O’Flaherty (miembro de la Ruria Romana y Comandante de la Orden del Imperio Británico), héroe que durante la Segunda Guerra Mundial comenzó y lideró una pequeñita red (que incluía más curas) que ocultó y salvó alrededor de 6,500 personas (entre judíos y soldados aliados) escapados de diferentes campos de concentración. Se ganó el apodo de “La Pimpinela Escarlata del Vaticano”, en honor al héroe de la novela “The Scarlet Pimpernel”. O al beato Walter Ciszek, jesuita polaco-gringo del Rito Bizantino que hizo misión clandestina en la “gloriosa” URSS y que por ello pagó con quince años de trabajos forzados (cinco de ellos en la infame prisión de Lubyanka) luego de ser capturado por la KGB.

San Albertus Magnus

San Alberto Magno

¿Quieren sacerdotes à la science? En el menú tenemos a San Alberto Magno, santo patrono de las Ciencias Naturales, uno de los más destacados precursores de la ciencia moderna en la Edad Media. Tenemos a José María Algué, meteorólogo que inventó el barociclonómetro (instrumento para anunciar la proximidad y dirección de los ciclones); a Francesco Castracane degli Antelminelli, botánico, pionero en incluir la microfotografía en el estudio de las plantas; al fraile franciscano Roger Bacon, que en la Edad Media hizo brillantes contribuciones a las matemáticas y a la óptica y que fue precursor del moderno método científico; a los jesuitas Daniello Bartoli y Niccoló Zucchi (inventor del telescopio de reflección), los primeros en observar los anillos ecuatoriales de Júpiter; al famoso Bernard Bolzano, matemático, lógico, filósofo, antimilitarista, teólogo y sacerdote católico de Bohemia, el mismo del mentado Teorema de Bolzano-Weierstrass y del Teorema del Valor Intermedio (también conocido como Teorema de Bolzano); tenemos a Anselmus de Boodt, uno de los fundadores de la mineralogía; a Teodorico Borgognoni (pobre tipo),  fraile dominico y obispo de Cervia, cirujano medieval que hizo importantes contribuciones a la práctica antiséptica y a la anestésica; a Thomas Bradwardine, Obispo de Canterbury (medieval) y matemático, formuló por primera vez el Teorema de la Velocidad Media.

¿No les agradan? Bueno, tenemos más. Está Jacques de Billy, jesuita que produjo importantes resultados en Teoría de Números (un cráter en la luna está bautizado en su honor); Jean Buridan, sacerdote medieval que formuló versiones tempranas del momentum y el movimiento inercial y que sembró las semillas de la revolución que más tarde Nicolás Copérnico (otro sacerdote que no necesita presentación) produciría; está Jean Baptiste Carnoy, el padre de la citología; el benedictino Benedetto Castelli, amigo y partidario de Galileo Galilei (otra interesante historia donde la Iglesia ha sido difamada), escribió un importante tratado sobre fluidos en movimiento; James Cullen, jesuita que descubrió lo que ahora se conocen como los Números de Cullen en Teoría de Números; Václav Prokop Diviš, sacerdote checo que inventó el pararrayos independientemente de Benjamin Franklin y que construyó el primer instrumento musical eléctrico de la historia, el Denis d’Or; Johann Dzierzon, padre de la apicultura moderna, descubrió la partenogénesis en las abejas.

Gregor Mendel

Gregor Mendel

Están el beato Franceso Faà di Bruno, matemático, descubridor de la fórmula que lleva su nombre; Gabriele Falloppio, cirujano y anatomista del siglo dieciséis. Chicas, ¿les suena de algún lado su apellido?…; Carlos de Sigüenza y Góngora (sí, idiotas, el mismo), sacerdote, erudito, matemático y cartógrafo, el primero en mapear toda la Nueva España, nuestro México; Andrew Gordon, monje benedictino y físico, el primero en construir un motor eléctrico; Francesco Maria Grimaldi, jesuita que descubrió al fenómeno de la difracción de la luz (incluso él le puso el nombre), estudió la caída libre de los cuerpos y construyó y utilizó instrumentos para medir las características geológicas de la luna; Paul Guldin, matemático jesuita y astrónomo, el descubridor del Teorema de Guldinus para calcular la superficie y el volumen de un sólido de revolución; René Just Haüy, padre de la cristalografía; Pierre Marie Heude, zoologo y misionero jesuita que estudió la historia natural del Asia Oriental; Otto Kippes, alemán que calculó órbitas de asteroides, el asteroide 1780 Kippes está bautizado en su honor (how cool is that?); Athanasius Kircher, llamado “maestro de cien artes”, padre de la egiptología, escribió una enciclopedia sobre China y uno de los primeros en observar microorganismos por medio de un microscopio; el maravilloso Georges Lemaître, padre belga, y padre de la Teoría del Big Bang, Pierre Macq, físico que ganó el prestigioso Premio Francqui en Ciencias Exactas por sus estudios en física nuclear experimental; Francesco Maurolico, benedictino, que contribuyó a la geometría, óptica, mecánica, música y astronomía e hizo la primera demostración por Inducción Matemática conocida; el ilustre Gregor Mendel, monje agustino y padre de la genética; Giuseppe Mercalli, vulcanólogo, inventor de la famosa escala sísimica de MercalliHugo Obermaier, antropólogo conocido por su trabajo sobre la difusión de la humanidad en Europa durante la Edad de Hielo; Guillermo de Ockahm, el famoso franciscano que hizo importantes trabajos en lógica y física, conocido por su “navaja”; Giuseppe Piazzi, matemático y astrónomo, descubridor del asteroide Ceres, el más grande del cinturón de asteroides; Vincenzo Riccati, matemático jesuita, la ecuación de Riccati en ecuaciones diferenciales lleva su nombre; George Mary Searle, astrónomo paulista, descubrió seis galaxias; el famosísimo Lazzaro Spallanzani, biólogo y fisiólogo que hizo importantes contribuciones al estudio experimental de las funciones corporales y reproducción animal, descubrió la ecolocación y sus investigaciones en biogénesis le prepararon el camino al gran Louis Pasteur; Papa Silvestre II, prolífico erudito que promovió el conocimiento arábigo de la aritmética, matemáticas y astronomía en Europa y reintrodujo el uso del ábaco y la esfera armilar, que se habían perdido desde los romanos; Pierre Teilhard de Chardin, paleontólogo y geólogo que tomó parte en el descubrimiento del hombre de Pekín; Teodorico de Freiberg, físico y teólogo dominico, el primero en hacer una descripción geométrica del arcoiris; Jacques de Vaucanson, inventor y artista, el primero en crean un telar completamente automático, Giovanni Battista Venturi, físico que descubrió el efecto hidrodinámico que lleva su nombre; Francesco Zantedeschi, que estudió la absorbción atmosférica de los colores y se adelantó a los clásicos experimentos de Michael Faraday sobre la inducción magnética; Nicolás de Cusa, influyente cardenal, astrónomo, teólogo, matemático, filósofo y jurista alemán, uno de los primeros proponentes del humanismo renacentista; y muchos, muchos más.

El padre Georges Lemaître con un tipo famosillo.

El padre Georges Lemaître con un tipo famosillo.

Todos estos que mencioné fueron curas católicos, ¡otras tantas vidas ejemplares habrán producido nuestros hermanos protestantes que no he listado aquí! ¡Y estoy ignorando a los San Francisco de Sales, los San Ignacio de Loyola, los San Juan Bosco! ¡A los padre Don Sutano y Don Perengano, que dedican sus calladas vidas al bien de sus parroquianos, a su educación, su salud y su paz, sin hacer grandes descubrimientos o actos heroicos o de martirio que pasen a la historia! Y así, decenas, cientos, MILES de sacerdotes que, a lo largo de la Historia, han contribuido a hacer de éste un mundo mejor, en las sombras y en el silencio, vilipendiados, insultados, burlados, torturados, difamados y asesinados de todas las maneras imaginables.

Si eres un cristiano, espero que esta entrada te haya enseñado más sobre tus hermanos en el sacerdocio; si no lo eres, espero que de todas formas haya movido en ti el deseo de hacerles justicia a los sacerdotes. Comecura intransigente e intolerante: favor de aprender un poquito y de no ser un idiota engreído que se divierte en hacer generalizaciones sin pies ni cabeza y en criticar lo que, en su mayor parte, es más digno de alabanza que de insultos. Sólo así podremos vivir en paz y con tolerancia, esa virtud que tanto proclaman tus compañeros de izquierda.