Dies Irae y el Temor de Dios

No me malinterpreten: no tengo nada contra los cristianitos modernos, se me hacen medio tiernos. Les reconozco sus buenas intenciones: atraer a los simples a la Fe. Pero sencillamente no me gustan. No me gustan sus estilos modernos y su manera de hacer “marketing” (dirigido a los jóvenes) sobre su relación con Jesús, como si de un “súper cuate” bien “buena onda” se tratara; no me gusta que casi se olviden de Su divinidad para ensalzar Su amistad. No me gustan sus canciones de “Una espiga dorada por el sol” (tortura cacofónica) o su “rock cristiano” (o, peor aún, “metal cristiano“, ¡por mil demonios!); no me gustan, en fin, las licencias modernas que se toman en el culto a Dios, recalcando Su amor hasta rayar en lo cursi mientras Su justicia y lo terrible que Él es se les olvida. La inmensa mayoría de los creyentes que conozco (al menos así lo percibo aquí en México) no entiende ese Don del Espíritu Santo que es el Temor de Dios. ¿Cómo habremos de temer a “Chuyito”, tan chido Él, tan simpático, tan bonachón? ¿Cómo temer a Diosito Papi, que nos quiere tanto? ¿O a la palomita? Claro, nadie se expresa así, pero sí que les pasan pensamientos similares por la cabeza (o eso transparentan sus acciones).

Pero como alguien con dedo y medio de frente podrá adivinar, no se trata de un temor “común”, como el que se le tiene a los monstruos debajo de la cama o a las mujeres enojadas. El Temor de Dios (no Temor A Dios) es Sabiduría (Proverbios 1:7), es tomar conciencia de que Dios es infinitamente más Grande, Poderoso, Justo y Benevolente de lo que te puedes imaginar; es caer en la cuenta de que Él es el dueño absoluto de las almas y de que la Salvación es, en última instancia, Gracia Suya. Es un temor reverencial debido a la Majestad que Él emana. Como nuestro C. S. Lewis (el autor de Las Crónicas de Narnia) escribió: se trata de un temor lleno de reverencia, en el que uno “se maravilla y siente cierto estremecimiento” o un “sentimiento de insuficiencia para hacer frente a tal visitante o de postración ante éste” (C. S. Lewis, Los Problemas del Dolor). O como un tal Robert B. Strimple dice: “[en la frase ‘Temor de Dios’] hay una convergencia de reverencia, adoración, honor, alabanza, confianza, agradecimiento, amor y, sí, temor”.

Y yo, sinceramente, no veo cómo las canciones y la mentalidad modernas de los cristianos promueven dicho Temor. Es por ello (o tal vez por mi naturaleza tradicionalista) por lo que retrocedo a los Cantos Gregorianos o a la Música de Órgano o Sinfónica que geniales artistas ya nos han preparado para la liturgia, sin necesidad de recurrir a cosas como el infame “Alabaré, Alabaré, Alabaré“. Esta música sí que logra avivar en las almas atentas ese Temor, lejos de adormecerlo como hacen los bien intencionados pero espantosos cantos modernos cristianos (esa es mi humilde opinión). Les dejo la letra (en latín y en español) del canto Dies Irae/Día de Ira que forma parte de las misas de difuntos, y un clip de una versión en Canto Gregoriano. Léanla con cuidado y ojalá puedan entender que Dios, además de ser Amor, es también Justo y Terrible:

Dies iræ, dies illa,
Solvet sæclum in favilla,
Teste David cum Sibylla !

Quantus tremor est futurus,
quando iudex est venturus,
cuncta stricte discussurus !
Tuba mirum spargens sonum
per sepulcra regionum,
coget omnes ante thronum.
Mors stupebit et Natura,
cum resurget creatura,
iudicanti responsura.
Liber scriptus proferetur,
in quo totum continetur,
unde Mundus iudicetur.
Iudex ergo cum sedebit,
quidquid latet apparebit,
nil inultum remanebit.
Quid sum miser tunc dicturus ?
Quem patronum rogaturus,
cum vix iustus sit securus ?
Rex tremendæ maiestatis,
qui salvandos salvas gratis,
salva me, fons pietatis.
Recordare, Iesu pie,
quod sum causa tuæ viæ ;
ne me perdas illa die.
Quærens me, sedisti lassus,
redemisti crucem passus,
tantus labor non sit cassus.
Iuste Iudex ultionis,
donum fac remissionis
ante diem rationis.
Ingemisco, tamquam reus,
culpa rubet vultus meus,
supplicanti parce Deus.
Qui Mariam absolvisti,
et latronem exaudisti,
mihi quoque spem dedisti.
Preces meæ non sunt dignæ,
sed tu bonus fac benigne,
ne perenni cremer igne.
Inter oves locum præsta,
et ab hædis me sequestra,
statuens in parte dextra.
Confutatis maledictis,
flammis acribus addictis,
voca me cum benedictis.
Oro supplex et acclinis,
cor contritum quasi cinis,
gere curam mei finis.
Lacrimosa dies illa,
qua resurget ex favilla
iudicandus homo reus.
Huic ergo parce, Deus.

Pie Iesu Domine,
dona eis requiem. Amen.

 

 

Día de la ira, aquel día
en que los siglos se reduzcan a cenizas;
como testigos el rey David y la Sibila.

¡Cuánto terror habrá en el futuro
cuando el juez haya de venir
a juzgar todo estrictamente!
La trompeta, esparciendo un sonido admirable
por los sepulcros de todos los reinos
reunirá a todos ante el trono.
La muerte y la Naturaleza se asombrarán,
cuando resucite la criatura
para que responda ante su juez.
Aparecerá el libro escrito
en que se contiene todo
y con el que se juzgará al mundo.
Así, cuando el juez se siente
lo escondido se mostrará
y no habrá nada sin castigo.
¿Qué diré yo entonces, pobre de mí?
¿A qué protector rogaré
cuando apenas el justo esté seguro?
Rey de tremenda majestad
tú que, salvas gratuitamente a los que hay que salvar,
sálvame, fuente de piedad.
Acuérdate, piadoso Jesús
de que soy la causa de tu calvario;
no me pierdas en este día.
Buscándome, te sentaste agotado
me redimiste sufriendo en la cruz
no sean vanos tantos trabajos.
Justo juez de venganza
concédeme el regalo del perdón
antes del día del juicio.
Grito, como un reo;
la culpa enrojece mi rostro.
Perdona, Señor, a este suplicante.
Tú, que absolviste a Magdalena
y escuchaste la súplica del ladrón,
me diste a mí también esperanza.
Mis plegarias no son dignas,
pero tú, al ser bueno, actúa con bondad
para que no arda en el fuego eterno.
Colócame entre tu rebaño
y sepárame de los machos cabríos
situándome a tu derecha.
Confundidos los malditos
arrojados a las llamas voraces
hazme llamar entre los benditos.
Te lo ruego, suplicante y de rodillas,
el corazón acongojado, casi hecho cenizas:
hazte cargo de mi destino.
Día de lágrimas será aquel renombrado día
en que resucitará, del polvo
para el juicio, el hombre culpable.
A ese, pues, perdónalo, oh Dios.

Señor de piedad, Jesús,
concédeles el descanso. Amén.

¡Feliz cumpleaños, Tolkien!

¡Aiya, Tolkiendili!
(¡Saludos/Salve, amigos de Tolkien!)

J. R. R. Tolkien

El genio, J. R. R. Tolkien

Hoy 3 de enero, hace 121 años (1892), nació el británico John Ronald Reuel Tolkien (J. R. R. TolkienComandante de la Excelentísima Orden del Imperio Británico en 1972 por la Reina Isabel II) en Sudáfrica, concretamente en el Estado Libre de Orange (en aquél entonces). Escritor, filólogo, poeta y Profesor de Anglo-Sajón “Rawlinson y Bosworth” en el Pembroke College primero y después Profesor de Lengua y Literatura Inglesas “Merton” en el Merton College (ambos en la extremadamente prestigiosa Universidad de Oxford), este caballero es sobre todo recordado por su más grande creación (y, en mi opinión, una de los más creativos y complejos productos de la mente humana), el mundo de Arda, donde los libros de El Señor de los Anillos y El Hobbit tienen lugar. Éstos libros lo llevaron a la fama y hoy en día es considerado sencillamente como el padre de la Alta Fantasía. La intención de esta entrada es presentar un poco a este genio, a su obra y a las ideas que se manifiestan en sus escritos.

Sus padres fueron Arthur Reuel y Mabel Tolkien (nacida Suffield); tuvo un hermano, Hilary Arthur Reuel Tolkien. Arthur padre murió en 1896 y Mabel en 1904, de diabetes. Ésta, inicialmente baptista, se convirtió al catolicismo en 1900, para el tremendo disgusto de sus padres; poco antes de morir dejó sus hijos encargados con el padre Francis Xavier Morgan, para que se criaran como buenos católicos. Durante el resto de su vida, Ronald (como le llamaban todos a Tolkien) consideró a su madre como una mártir, que trabajó muy duro para darles el sustento y mantenerlos firmes en su fe (los padres de ella suspendieron toda ayuda económica a la mujer y sus hijos cuando ésta se incorporó a la Iglesia). Ésta idea y el firme catolicismo en el que Ronald fue criado le darían forma a su obra años más tarde.

A sus 16 años, Tolkien conoce a Edith Mary Bratt, quien sería se convertiría en su esposa y musa en 1916 (los personajes de las bellas elfinas Lúthien Tinúviel y Arwen Undómiel están inspirados en Edith). Edith abandona el protestantismo y entra en la Iglesia Católica (a instancias de Ronald) tiempo después de que la pareja se comprometiera (su religión ya le había causado problemas a Ronald con su tutor, el padre Morgan, cuando andaban ligando). No sería ésta la única conversión que este señor lograría.

La Tumba de Tolkien y Edith. Nóten los agregados de "Beren" y "Lúthien" que fueron grabados, dos enamorados de una de las historias de Tolkien.

La Tumba de Tolkien y Edith. Nóten los nombres de “Beren” y “Lúthien” que fueron grabados, dos enamorados de una de las historias de Tolkien.

Tolkien participó en la Primera Guerra Mundial y vio acción en la batalla de Thiepval Ridge, donde estuvo en el asalto al Reducto Schwaben. En octubre de 1916 contrajo fiebre de la trinchera y en noviembre se le invalidó en Inglaterra. La mayoría de sus mejores amigos murieron en la guerra. Además de sus obras fantásticas, Tolkien es famosillo por traducir el Libro de Jonás para la Biblia de Jerusalén (católica, por supuesto) que se publicó en 1966, y sobre todo por hacer una crítica sobre la historia de Beowulf (“Beowulf: Los Monstruos y las Críticas”). Los expertos consideran a ésta crítica como un hito que comenzó una nueva postura hacia dicho poema épico: una en la que se ponderaba como debe su valor artístico y no sólo el histórico (nota al margen: Tolkien solía declamar Beowulf en el anglosajón antiguo original; quienes presenciaron eso decían que era una experiencia como ninguna).

Después de este diminuto bosquejo biográfico, es tiempo de hablar de la literatura fantástica de Tolkien.

Antes que nada es necesario mencionar que Tolkien fue ante todo un filólogo, es decir, un estudioso del lenguaje en su forma escrita en documentos históricos. Efectivamente, el origen de El Señor de los Anillos y toda la historia de la Arda se puede rastrear hasta llegar a los ejercicios lingüísticos con que Tolkien se recreaba. Antes que los elfos, enanos y hombres, antes que Sauron, Frodo, Gollum, Gandalf y demás personajes y pueblos de su mundo ficticio, estaban los idiomas que Tolkien inventaba. Y los inventaba no de cualquier manera o sin coherencia alguna: inspirado en los idiomas “naturales” ya existentes y tratando de seguir una lógica evolutiva digna de su erudición, las lenguas de Tolkien tienen una estructura fonética y gramatical como pocas lenguas artificiales, y las relaciones entre ellas, los cambios que sufren y demás elementos están concienzudamente basados en las teorías modernas de la evolución de los idiomas.

Mapa de Arda, con los dos continentes: La Tierra Media (der.) y Valinor (izq.). Algún día dedicaré una entrada sólo a explicar este mapa; por lo pronto, el friki deléitese con esta imágen.

Mapa de Arda, con los dos continentes: La Tierra Media (der.) y Valinor (izq.). Algún día dedicaré una entrada a explicar este mapa; por lo pronto, deléitese el friki.

Es imposible subestimar la importancia de los idiomas en la obra de Tolkien. La primera y más completa de las lenguas que él creó con seriedad (hizo antes varios idiomas infantiles, como el Animálico) es el Quenya (pronúnciese “cueña”), que más tarde se convertiría en el hablar de los Altos Elfos (Eldar). La magia que tienen las palabras en Arda (sean habladas o escritas), la belleza y lógica con que las tengwar (los caracteres con que el Quenya y otros lenguajes élficos se escriben) fueron inventadas y la gran cantidad de canciones y cuentos que en las historias de Tolkien están contenidos ponen en evidencia que el idioma era, para los habitantes de Arda y para Tolkien mismo, más que una herramienta: era un arte, un arma, un escudo, una historia. Otros idiomas creación de Tolkien tuvieron una consistencia y sentido artístico similares a los del Quenya, pero no alcanzaron el mismo grado de desarrollo. Destaco el Síndarin (lengua hermana del Quenya, de los Sindar o Elfos Grises), el Adûniac (el idioma de Númenor, el antiguo Reino de los Hombres) y el Westron (la Lengua Común, con la que todos los pueblos se comunicaban). Otros idiomas que apenas bosquejó pero que tienen historias y características interesantes son el Doriathrin (pariente del Sindarin que se hablaba en el bosque de Doriath, en Beleriand), el Éntico (de los Ents, esos Árboles Andantes), la Lengua Negra (de Sauron y los Orcos), el Valarin (de los Valar o Poderes) y el Khuzdûl (el idioma secreto de los Enanos) entre muchos, muchos otros. Para un estudio más serio sobre éstos idiomas (e incluso un curso de Quenya), véase la página de Ardalambion.

Namarie, o El Lamento de Galadriel (El Señor de los Anillos, La Comunidad del Anillo), escrito en Quenya con las tengwar.

Namarie (Adiós), o El Lamento de Galadriel (El Señor de los Anillos, La Comunidad del Anillo), escrito en Quenya usando las tengwar.

Además de en los idiomas, Tolkien se deleitaba en los cuentos y en el folklor, es decir, en la cultura, tradiciones y mitos populares, sobre todo anglosajones. En consecuencia, una vez inventado el Quenya (en su parte más elemental, pues jamás dejó de trabajar en él), Tolkien pensó que era necesario crear un pueblo que lo hablara. Así nacieron, tras muchos borradores, los Altos Elfos o Eldar. Pero todo pueblo, además de un idioma, debe tener una cultura, una religión, una historia, tradiciones y un lugar donde vivir. Y así, poco a poco, con más idiomas y más gente que los hablara, Tolkien fue construyendo su legendarium: ese conjunto de historias que describían a Arda y a sus habitantes. El Hobbit nació como un cuento para niños con una tremenda influencia del folklor nórdico y anglosajón. Después le siguió El Señor de los Anillos como una especie de secuela, que es en realidad solo la punta del iceberg de las leyendas de Arda. En El Silmarillion (que contiene las historias de la Ainulindale, Valaquenta, Quenta Silmarillion, Akallabêth y De Los Anillos del Poder Y La Tercera Edad y fue editado por su hijo Christopher Tolkien) se presenta a grandes rasgos una historia de las regiones y pueblos conocidos de Arda, su creación, sus héroes y villanos, sus canciones, religiones, leyendas y lenguas e, inclusive, un pequeño mapa sobre una de las regiones del mundo (Beleriand). Muchos otros libros y recopilaciones han sido publicados de manera póstuma y contribuyen a entender a Arda; mucho material histórico, etnográfico, geográfico y lingüístico se puede encontrar en la enorme cantidad de apéndices que El Silmarillion y El Señor de los Anillos tienen.

Pero para entender a Arda y su historia es necesario entender a su creador. Arda es algo así como un pasado lejano alternativo de nuestro propio mundo, una especie de Historia antiquísima fantástica ya olvidada en un universo parecido al nuestro (incluso las constelaciones son las mismas, aunque con diferentes nombres). La manera en que Eru Ilúvatar (que significa El Único, Padre de Todo) crea Arda, la forma en que el Mal encarnado en Morgoth (El Enemigo, que es un Ainu (ángel) rebelde) entra al mundo, en que los Hombres se oponen o se someten a Morgoth y en que el Fin del Mundo ha de llegar (con la Dagor Dagorath o Batalla de Batallas) nos recuerda al Tolkien fielmente católico con una fascinación por la mitología nórdica y anglosajona. De hecho, él consideraba que El Señor de los Anillos era una obra fundamentalmente católica y cualquiera que se detenga a pensarlo un momento podrá darse cuenta de que está plagado de alegorías cristianas fusionadas con un espíritu nórdico, al igual que el resto de su mitología. Cabe mencionar que Tolkien era mejor amigo de otro de los grandes de la Fantasía: el irlandés Clive Staples Lewis (C. S. Lewis), autor de las famosísimas Crónicas de Narnia. Lewis era ateo al principio pero la fe de su gran amigo y los intensos y amigables debates intelectuales que frecuentemente sostenían lograron convertirlo al cristianismo (aunque para disgusto de Tolkien, el de la Iglesia Anglicana) e incluso hacer de él un acérrimo defensor de la fe, un apologista y teólogo laico. Si las obras de Tolkien están repletas de un velado cristianismo, las de Lewis exhiben sin miramientos la euforia con que el autor vivía su nueva fe; en el séptimo y último libro de las Crónicas, intitulado La Última Batalla, se puede encontrar una maravillosa pieza de apologética cristiana, justo cuando Narnia… bueno, si no lo han leído no les cuento.

Fingolfin, Rey de los Noldor, en su épico y desesperado duelo contra Morgoth después de la Batalla de la Lláma Súbita (Dagor Bragolach); una de mis escenas favoritas. El grupo de Power Metal Black Guardian tiene una canción dedicada a éste hecho.

Fingolfin, Rey de los Noldor, en su desesperado duelo contra Morgoth después de la Batalla de la Llama Súbita (Dagor Bragolach); una de mis escenas favoritas de El Silmarillion. El grupo de Power Metal “Blind Guardian” le dedicó su canción “Time Stands Still”.

En fin, creo que ya me he extendido demasiado en mi tercera entrada. La influencia de Tolkien en la cultura occidental moderna es incuestionable. Hay películas sobre sus obras, hay libros sobre sus libros, hay clubes de admiradores y eruditos (como la Sociedad Tolkiendili de México)… ¡uff!. Creo que es más que evidente que admiro a éste caballero, a su genio, su fe,  y sobre todo su creatividad y habilidad para crear, en cincuenta años, un universo completo con todas las características que debe tener. J. R. R. Tolkien nos dio a muchos un segundo hogar, con su bondad y maldad, su poesía, su arte, su belleza, sus cuentos, sus canciones y su historia, un mundo a dónde escapar o de dónde tomar fuerzas para vivir en éste; un motivo de alegría y de placer como sólo los grandes escritores pueden proveer.

Gracias, Ronald, Tolkien; y Feliz Cumpleaños. Nai Eru varyuva le.

Reinas de Metal [Parte I]

El género del Metal es uno de los más ricos y diversos en la música. Por supuesto, no alcanza los niveles de refinamiento, excelencia y magnificencia que la Música Clásica posee y es inútil cualquier comparación (ésta es mi muy modesta opinión) pero para los oídos acostumbrados a su retumbar, no deja de proveer muchos placeres. Dentro su amplia gama de géneros las ramas del Gothic y del Symphonic (y otras muchas mezclas de las ondas Dark) son las que más disfruto. No estoy completamente seguro de la razón; supongo que se trata de una multitud de factores: el toque romántico (en el sentido artístico y no cursi), el poder que expresan, la melancolía de algunas de sus canciones y la “malignidad” de otras. Y sobre todo las voces de las chicas.

En efecto, a diferencia de otros estilos del Metal, el Gothic y el Symphonic (y algunos otros pocos) suelen hacer un uso extensivo de las voces femeninas, y creo que eso contribuye al encanto con que me tienen hechizado. Las damas que participan en estas bandas suelen cargar de sentimiento, belleza y sensualidad las letras de sus canciones y esa clase de música es la que atrae espíritus como el mío. La enorme mayoría de las bandas de Metal que me gustan tienen a chicas como lead singers (cantantes principales, para los chauvinistas), y la intención de esta entrada y las siguientes es presentarles algunas de mis Reinas de Metal favoritas. En esta Primera Parte listo a las cantantes de algunas de las bandas más famosas de los géneros que menciono, pero pronto les mostraré maravillas bastante desconocidas, como Darzamat, Emerald Mind y Whyzdom.

Tarja Turunen, ex-vocalista de Nightwish

Tarja Turunen

Comencemos con mi primer “amor”: del Symphonic/Gothic Metal (y algo de Power), la banda finlandesa de Nightwish. La fabulosa Tarja Turunen fue la primer cantante de la banda, y nadie puede olvidar las impactantes Nemo, The Phantom of the Opera, Higher than Hope, Beauty of the BeastOcean Soul (mencionando sólo a los álbumes Century Child y Once) y un larguísimo etcétera. En su carrera de solista, Tarja tiene varias grandes canciones, entre las que destaco I walk alone (en clara alusión a su separación de Nightwish). He aquí un par de estrofas de dos de las canciones que mencioné, pero nada se equipara con oír la hermosa voz de esta mujer:

Walk the dark path
Sleep with angels
Call the past for help
Touch me with your love
And reveal to me my true name
[Nemo, Once]

All of my songs can only be composed of the greatest of pains
Every single verse can only be born of the greatest of wishes
I wish I had one more night to live
[Beauty of the Beast, Century Child]

Luego de que Tarja y el resto de la banda se separaran vino Anette Olzon (para desgracia de muchos y gusto de pocos). Con un estilo más “rockerón” (contrastando fuertemente con el sello operístico de Tarja), Anette nos trajo algunas joyas como The Poet and the Pendulum, Bye Bye Beautiful (sí, pedrada para Tarja), Whoever Brings the Night (poderosísima canción gótica) y 7 Days to the Wolves en el disco Dark Passion Play), o Storytime del nuevo Imaginaerum. Por más que se enojen los fanáticos de Tarja, Anette hizo un trabajo excelente y debemos reconocer que le dió aire fresco y un estilo diferente y enriquecedor a Nightwish.

Anette Olzon, actual vocalista de Nightwish (pronta a separarse)

Anette Olzon

Sin embargo, Anette se separó el 1ro de Octubre del 2012 durante el Imaginaerum World Tour y, al menos temporalmente, está siendo sustituida por Floor Jansen, otra dama digna de renombre. Ex-vocalista de After Forever y actualmente en ReVamp, esta holandesa a contribuido con preciosidades como Emphasis (DecipherAfter Forever) y Here’s my Hell (una nueva favorita mía muy recomendada para los fans de esta fémina y del Gothic Metal) y Sweet Curse (ReVamp, ídem). Chequen estas estrofas de Here’s my Hell:

La bella y talentosa Floor Jansen

Floor Jansen

 

In silence I cry
For my aching heart

Frozen
Closed down
Demons won’t recede
Doubtful
Fearful
I must face them all

Eyes wide open
Do I dare to see?
Heart wide open
Do I dare to feel?
[Here’s my Hell, ReVamp]

Ninguna, absolutamente ninguna lista como ésta podría estar completa sin una de las diosas del género, Simone Simons, de Epica. Epica es una banda holandesa de Symphonic/Gothic Metal con pinceladas progresivas y canciones… bueno, épicas. Algunas de los más refinados e icónicos ejemplos de estos géneros los encontramos entre los álbumes de esta banda, y Simone hace gala de una sensualidad y talento como muy pocas cantantes. Quiero subrayar sobre todo Higher HighBlank Infinity, Solitary Ground, The Last Crusade, White Water, DeconstructDeath of a Dream… y muchas, muchas canciones más. Aunque no tiene nada de Metal, el cover de la famosa canción Memory (del musical Cats de Andrew Lloyd Webber) es un conspicuo ejemplo de la calidad y versatilidad de la voz de esta reina. Algunos versos de una de mis canciones favoritas:

No more innocence left to kill

Simone Simons

La bella y talentosa Simone Simons, de Épica. Fue difícil escoger entre tanta foto.

Don’t be afraid, paricipate and
Just give us all your trust
Your soul will be saved
Just honour me, I’ll set you free so
Get ready to join the very last crusade
[The Last Crusade, Consign to Oblivion]

Hasta aquí la entrada. Espero continuar pronto con esta serie de las Reinas de Metal; estoy seguro de que los fanáticos del Metal podrán encontrar pequeñas sorpresas y quedarán prendados de más de una de estas encantadoras artistas. ¡Ah, y Feliz Año Nuevo!